
Este cuento comienza con un grito:
- Aaaaaaaaaaaaaaghhhhhhhhhh, glup -tuvo que parar de gritar bajo el agua, la salada entro en su boca y tras un masaje estomacal vomitó un caballito de mar que salto la barrera de sus dientes.
Despertó en medio del mar, en una profundidad. Los peces que la rodeaban se encontraron extrañados, les resultaba tan extra, que el bogavante, entre antenas burbujeo "extravagante, realmente extravagante".
Una niña de pelo negro mojado había aparecido en aguas templadas del caribe. Todos se preguntaban si venía nadando o se había caído de un barco. Miraron al cielo, al cielo del mar, y sobre la lámina, un pedazo de luna que no iluminaba a ninguna nave.
Ella miraba y no hablaba, por alguna extraña razón, permanecía quieta. Su piel no se volvía azul, según las leyes del mar, cuando un humano esta sumergido por completo, a los minutos, su piel se torna cerúlea y sus miembros se vuelven vaivenes de las corrientes.
El tiempo pasó lentamente, hasta que del horizonte marino surgió una red con cascabeles ensortijados. La niña era abrazada y alzada a la superficie. El bucanero a rayas que estira de la malla, al verla pone fin a su caos y dijo:
- Por el azar se creo este mundo, por el azar apareció la vida, por el azar surgió el hombre, por el azar te encontré, por tanto digo que el azar es mi Dios -del bolsillo, con el dedo se ayudo para sacar una moneda, la lanzó a hacer piruetas, y mientras se volvía a su mano, se dijo: cara la amo, cruz...

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