lunes, 9 de noviembre de 2009

Un vagón hermoso.





Me he encontrado, más bien, me he golpeado con esto. Un proyecto, un espacio,un lugar para la cultura, una vivencia... , como lo quieran llamar.
Estoy encantado de conocerlos. Me siento bien sabiendo que existen lugares como este, que existe gente que hace cosas para sentir y existir.

http://unvagonhermoso.blogspot.com/

Y ya puestos, suelto lo que siento y pienso hoy.

Cambiemos los conceptos.
Los prejuicios y convencionalismos.
Existen normas buenas y malas, ni buenas, ni malas, son lo que son, normas. Acuerdos a los que se llegan por uso o costumbre, por facilitar la convivencia, no son más, ¿ley?, otro convencionalismo.

Ahora si, cada uno es libre de aceptarlas o removerlas, fusionarlas con sus ideas. Adecuarlas a su modo, nadie tiene la manija de lo perfecto. Eso sí, atente a las consecuencias. Tú seras el bicho raro, que a todo le das la vuelta. Que justificas, sin aparente razón, no más que la tuya, que mayor razón por otra parte, todo lo indefendible.

Cambiemos las apreciaciones.
Se dice que "Los jóvenes somos el futuro", no estoy de acuerdo. Yo diría "Los jóvenes somos el presente, pero tanto como el no joven".
Los inexpertos son el futuro. Yo, que ya no soy joven, lo sigo siendo. Pero mi futuro cada vez es más pequeño.

Defendamos la diferencia, si esta se quiere mantener. En este mundo globalizado dónde todo nos intenta estandarizar, debemos dejar un margen de maniobra a los localismos, a las comunidades más pequeñas autogestionables. En todos los conceptos. Existen unas normas, si, pero son una referencia. Dejemos un margen a lo particular, seguro que se nos colaran sinrazones y disparates, pero que no nos aplaste el yugo de lo bien correcto.

Apreciemos lo tuyo, sin despreciar lo de fuera. Lo tuyo, es eso que esta ahí mismo.

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