jueves, 17 de septiembre de 2009

En la torre.

En la torre de Babel, la confusión razona.
Unos están en Babia, tierra lejana para intrépidos Bobalicones. Otros tienen muy mala Baba. Al fondo, en un rincón, los que necesitan Babero para no mancharse de tanto comer. Al frente, los tiernos, la carne de Babilla, los que se romperán la rótula al caer.

En la torre de Babel, se huele a cementerio.
La gripe E, el síndrome R y la fiebre E, campan a sus anchas en pandilla de pandemia. Pronto pisaremos a nuestros muertos.

En el ultimo piso, no esta el más listo, pero si, el que más sabe.

Un día Octubrino estaba sentado en el suelo de la azotea, detrás de las cuclillas de su primo, esperando ver el sol naranja despuntar en el cielo, y a su otro primo agitar los brazos en señal de victoria después de llamar a todos los que vivían en Babel por su nombre. Pero lo que no esperaba es que la mayoría aprendieran hablar ruso.

Los babirusos pusieron cerco a Octubrino en Babel.

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