Antonio permaneció cerca de los coches policiales esperando que algo ocurriera. Mientas intentó comenzar conversación con Joaquín Marquina y Braulio Minguez, los dos escaparon con excusas, pese a que Antonio, les cogía del brazo.
Como un hámster en una jaula subió y bajó la acera destrozada por las obras. Inaceptablemente para Antonio, nadie salía del portal dónde vivía la familia de Miguel. Un hombre de mediana edad, alto y flaco vestido de policía salió por fin. Detrás de él, venían tres policías más.
El hombre alto y flaco, que parecía el de mayor graduación, nada más salir se buscó algo en los bolsillos. Un leve gesto de satisfacción indicó que había encontrado lo que buscaba. Sacó un cigarrillo de una cajetilla, y ofreció tabaco a sus compañeros. La llama de un mechero se acercó a su cara.
- Caballero, ¿fuego? – Antonio mostraba una sonrisa hasta cierto punto maléfica.
- Gracias –respondió el policía alto y flaco.
Pasaron uno a uno, el resto de policías, por la llama de Antonio, se comenzó a respirar un aire de camarería. A Antonio le vino el recuerdo de cuando estuvo en el desierto, en sus noches frías, cuando se reunía con sus compañeros de tropa alrededor de una hoguera para calentarse y liar tabaco.
- Que jóvenes son ustedes, y además policías, así uniformados, me viene a la memoria mi época de soldado en el Sidi Ifni.
- ¿En guerra del 58?
- De octubre a abril, en las tierras africanas españolas.
- Me entusiasman las guerras africanas. Mi abuelo me contaba historias de cuando estuvo en Marruecos.
- Nada comparable al Sidi Ifni, nosotros estuvimos en el Vietnam español, mucha gente volvió muy tocada, lo que yo te diga, ¡eh!
Por un momento se hizo de noche, imágenes de guerra asaltaron su razón, Pedro se encuentra a su lado, de pronto ráfagas de metralleta, las balas se acercan, Antonio se tira sobre Pedro, caen heridos.
Los cuatro afirmaron con la cabeza.
- Pobres –acertó en su reflexión el policía de menor estatura, y otra vez, todos asintieron con la cabeza y el cuerpo.
En ese instante Pedro apareció mirando a Antonio parecía que coincidía pero lo que le indicaba con la mirada era que era el momento de preguntar.
- ¿Algo sobre el chico? –Antonio se decidió.
- Pues, no sabemos mucho aún, salio de la tienda ayer a eso de las siete con la bici, la han encontrado tirada en un contenedor de la obra bajo unos plásticos por lo tanto con la bici no ha podido ir muy lejos.
- Que haya aparecido de esa manera, no es un buen síntoma –especuló Antonio.
- No, la verdad –coincidió el policía algo y flaco- tenemos que hablar con su entrono, amigos, vecinos, aunque aun es pronto, solo han pasado unas horas, ya sabe como son los jóvenes, tal vez tenga algún motivo para esconderse.
- Las malas notas, algún amorío, que se haya enfado con sus padres.
- Tiene trece años, no creo que sea un Romeo para que exista una Julieta. Sus padres, me han hablado muy bien de él, en los estudios, en su comportamiento,…, no sé.
- No te fíes, lo que yo te diga, ¡eh!
- No descartaremos ninguna posibilidad –sonriendo comenzó a desplazarse, flaco y alto- vamos –y con un toque en el hombro de Antonio se despidió el teniente Patricio.
Llevaba los dedos de las manos medio estrangulados. Las asas de las bolsas con sus cuatro kilos de naranjas, el jamón y el queso, habían conseguido que los dedos se amorcillaran.
- Si pudiera te ayudaría – le dijo Pedro.
- Lo sé.
Saltando por entre las obras se encontraron a un grupo de personas que se arremolinaban, hablan alto y gesticulaban en exceso.
- Algo ha pasado –Pedro interpretó.
Al parecer un obrero había caído de una pequeña altura con tan mala fortuna, que se había debido de romper una pierna. Se retorcía de dolor. Entre dos compañeros lo subieron a un carretillo para sacarlo del campo de batalla en el que se había convertido la calle, para llevarlo a la mutua.
-Yo solo no podría levantar a ese hombre.
A Antonio le sorprendió el comentario.
Le conocía, e incluso había hablado con él un par de veces, no recordaba si habían intercambiado los nombres. Le siguió con la mirada y le vio entrar en un portal diez metros más allá.
lunes, 14 de septiembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

1 comentario:
no sabía que escribías tan bien!
Y ahora qué ocurrirá?
Pedro dejará de acompañar a Antonio?
Aparecerá el chico?
...
porfa, no tardes mucho en publicar la siguiente entrega! Y felicidades!
Publicar un comentario