Mi madre era esa mujer que vestía bata de guata cuando era niño. Me despertaba por las mañanas, con un vaso de leche y tostadas de pan con mantequilla sobre la mesa de la cocina, y mientras me las comía, me repeinaba el flequillo con abundante agua insertada en un peine gigante.
Me acompañaba al colegio cogiéndome de la mano, para que no me entretuviera por el camino y no llegara tarde. Más de un día entraba en el patio cuando ya no había nadie y tenía que llamar a la puerta de clase, con el consiguiente abucheo de mis compañeros.
Siempre a la carrera. Ella dando pasos de siete leguas con sus zapatos negros. Yo, por una razón de lógica y de tamaño, pasitos de ciempiés, uno tras otro, sin parar.
Desde ahí abajo, la miraba con asombro siguiendo la prolongación de mi brazo que le llevaba al suyo. Todos los días lo mismo. Pasábamos con las aceras levantando el polvo y atravesábamos los cruces sin mirar. A menudo, incomprensiblemente, los coches nos pitaban, e incluso sus conductores nos reprochaban nuestra manera de correr, yo les disculpaba ya que no sabían que llegábamos tarde al colegio, en cambio mi madre se ponía roja, roja de Irán, como ella decía, “se irán a tomar por…”
Antes de abandonarme a mi suerte en el colegio, cuando daba tiempo. Mi madre se agachaba, y en cuclillas me miraba. Con un lametón se humedecía los dedos de la mano, y me volvía a repeinar. Me deseaba un buen día y me regalaba un sonoro beso en la frente.
Horas más tarde, ella volvía a recogerme para llevarme a casa para darme de comer. Otra carrera. Nuestra vida era un va y viene, un sudor continuo en la espalda. Lo nuestro no era la placidez, el paseo tranquilo que degusta los sonidos de la ciudad. Pasábamos por ellos, sus escaparates, sus gentes como si fuéramos subidos en un tren.
No sé como nos lo apañábamos para que siempre nuestro estado ante la vida fuera la prisa. Vivir en el país de los atletas frenéticos.
lunes, 16 de noviembre de 2009
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1 comentario:
ke bueno leerte con sosiego...
de veras viniste a mi silla? (con acento raro del ke te molesta...)
Alerta guerrilla!
sargento Eortib
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