martes, 3 de febrero de 2009

En un libro de viajes.


El naufrago de tu piel soy yo. Caí del barco que me llevaba a tu concha, en busca del abrigo de tu entrepierna, calida como la canaleta de Cadiz.
Apunto de perecer, tras luchar contra las olas de sudor, abandonado a mi suerte en el mar de tu ombligo, alcancé a ver en el horizonte, una peca.
Nadé hacía ella y mi suerte pareció cambiar. La isla peca, se encontraba desierta, ningún vestigio de vida, tan solo en medio, por palmera, un pelo. Me senté a su sombra para descansar y ver el fin del día.

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