lunes, 16 de febrero de 2009

No creo en ese Dios.

Mi libertad, como animal racional, me provoca duda. Me hace elegir, y mi conciencia, la que nos ha llegado tras la evolución, me hace sentirme culpable, si me equivoco.

A parte de la libertad, existe también en mi ser, la necesidad. Que es aquello que no podemos elegir, nos viene impuesto por nuestra naturaleza de animal, nos limita, como el comer, el beber, el dormir… son tareas obligatorias para nuestra supervivencia.

Somos seres que hemos evolucionado, nos hemos ido mutando, y nosotros fruto de una selección, ¿por qué no nos matamos entre nosotros sistemáticamente?, ¿por qué queremos vivir en sociedad?, ¿por qué tenemos miedo?,... las respuestas estan codificadas en nuestro ADN. Seguro que ha habido muchas mutaciones a lo largo de la historia natural, pero la llegó, a merecer sobrevivir, fue esta versión. Podría haber sido más humanitaria, dónde el egoismo, la ira, la envidia,... no existieran, pero entonces seríamos otros.


El Dios verdadero es la conciencia, esa con la que hablamos de vez en cuando.

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